
Cuando todo parece estar en orden, los planetas simétricamente alineados y los pies sobre la tierra, puedo decir que la puesta en marcha está lista. Mientras la vecina, con su máxima retención de anfetaminas, ácidos, lsd, paco y nose cuantas boludeces ingeridas, putea a los del censo por hacerle mil preguntas estúpidas acerca de la cantidad de televisores LCD y basura que posee, el perro de 5to piso comienza a torturarme la fucking cabeza y mi concuvino de piso se asoma por la ventana para mirar detenidamente el paso de la nada por las calles. Todo parece ser relativamente normal dentro de todo lo anormal que viví y seguiré viviendo hasta que me vaya de este puto edificio.
Me siento y escribo para evitar hacer cosas importantes de las cuales no tengo ni la más mínima idea. Me paro y camino para evitar bajar a matar al maldito perro, el cual ya parece estar agonizando por su propia cuenta.
Miro la heladera para ver si tengo anotado alguna cosa más importante que hacer, que sentarme a escribir las estupideces que estoy escribiendo, pero que al fin y al cabo me reconforta de alguna manera. Entonces, pongo música. Los Redondos empiezan a sonar a toda marcha y empiezo a escribir nuevamente como si ese click oportuno me hubiese salvado la vida.
Es escribir, no salvarse.
Pero, como tantas cosas nos hacen feliz, escribir es una manera de hablarme a mi misma e indirectamente a aquellas personas que no me animo a hacerlo. Escribir es respirar pensamientos, confesarse para aquellos que odiamos sentarnos a hablarle a algún hombre extraño que se hace pasar por dios.
Escribir es existir, para aquellos que nos recuerdan y aquellos que nos leen, fieles como nuestra sombra. Escribir es darle sencillez a todas esas cosas complicadas.
Entendieron ? Pues, no me interesa en lo más mínimo..
Paciencia es lo que ya no tengo y perdí desde hace un par de meses.
La buena noticia ? Murió Nestor K.
Ahora si voy a matar al maldito perro.