miércoles, 11 de marzo de 2009

El bar

Era algo así como la medianoche cuando él pone su mirada en el reloj y se fija su próximo destino, el bar. Caminando hacia lo que seria esa noche el lugar más esperado, se adentró en un profundo pensamiento, imaginándose como sería ese encuentro que hace tanto anhelaba. Instantes antes de entrar, prende un cigarrillo y algo más, aguarda unos minutos. Se decide a entrar. Con mucho cuidado, hace una recorrida con su mirada a lo largo y a lo ancho con el propósito de encontrarla, pero no, ella todavía no había llegado. Se sienta en la barra, pide una medida de Whisky y se acomoda de tal manera que todo el bar podía verle la cara. Pasaron sólo diez minutos entre esto y la llegada de lo que tanto esperaba.. ella. Ambos se entregaron a una conversación casual y distendida, un poco de esto y de aquello, un poco de nada . Lo importante iba por debajo de la piel. El estímulo erótico crecía con cada mirada, cada roce casual de sus dedos, con los largos silencios intencionales y las pausas para recorrerse enteros y sin pudor, con los ojos hambrientos de lujuria. Aquella conversación ardiente logró estimular hasta a los comensales que estaban próximos a ellos, poniéndolos incómodos. Hacia demasiado calor, o al menos, así lo sentían ellos. Ardientes como la noche estival. Al final, fue él quien tomó la iniciativa, acercándose lentamente al oído, susurrándole palabras, dándole pequeños golpes eléctricos con cada una de ellas. Ella, sin decir nada, tomó su cartera tan rápido que ni él pudo llegar a divisarla y salió rápidamente de allí. El, pagó la cuenta y salió detrás. Luego, en silencio subió al taxi en el que ella lo esperaba y por primera vez la besó intensamente. Segundos más tarde, el chofer conducía hacia la dirección que el le dió y la ciudad se los tragó, mientras se entregaban a los juegos del placer empañando los vidrios traseros de aquel viejo taxi..